Impresiones de una semana en torno a lo nuevo y lo viejo

Ayer llegó al puerto de Pasaia, en Gipuzkoa, un imponente buque de bandera panameña y de nombre “City of Beirut”. Uno piensa que los tripulantes panameños debieron mirar desde cubierta con cierto desdén nuestro pequeño “canal de Pasaia”, potente en lo paisajístico y gastronómico pero con poco que hacer en lo comercial al lado del canal que lleva el nombre de su país. Sea como fuere nos entró el barco y en veinticuatro horas nos ha salido y para allá hemos ido cámara en ristre un pequeño número de ciudadanos curiosos (o de curiosos ciudadanos, que de todo habíamos). Dice la prensa local que ha venido el buque con hambre de vehículos nuevos, que los ha engullido en pocas horas y que los vomitará para su venta en tierras alemanas. Recibe y regala Pasaia, según parece, chatarra y vehículos nuevos a partes iguales. No deja de ser una curiosa metáfora de lo nuevo y de lo viejo, de lo que nace y de lo que muere, de lo que ha de estrenarse y de lo que puede, quizá y si pretende sobrevivir, reinventarse.

Hace una semana, estando a punto de coger la pequeña barquita que transporta a los que queremos pasar de San Juan a San Pedro a través de la bocana del puerto,  una mujer de avanzada edad, tierna mirada y rostro clónico al de Mikel Laboa (cantante y amigo, cinco años ya sin él) me dijo sin mediar palabra previa: “Tu piano me hace llorar”. Se hizo un silencio que no fui capaz de llenar y añadió: “Aún llevo a Mikel aquí”, y señaló con anciana mano su corazón. Sonrió, continuó hablando con sus dos amigas y subió a la barca con más agilidad de la que yo hubiera esperado. No hubo más y no hubo menos. Lo nuevo y lo viejo, lo que nace y lo que muere, también lo que sobrevive e incluso, y si me permite el neologismo juguetón, lo que “sobremuere”.

PUERTO PASAIA MANIOBRA 15 MARZO 2014 127

Esta mañana, cuando iniciaba la subida al monte que me posibilitaría realizar esta foto, un querido vecino que cuida hace unos años a su esposa enferma de Alzheimer me ha recordado que va a cumplir pronto 82 años. Los cumplirá él, no Loli (nombre ficticio), su compañera de toda una vida que ahora no recuerda. Ella no recuerda, él sí, Alberto (nombre ficticio), recuerda y narra a menudo y con detalle e incansablemente sus sucedidos de años. Dice Alberto (esta mañana, dice, y otras muchas mañanas lo suele decir pues quizá no recuerda que ya ha dicho) que viejos son los trapos de la cocina, no las personas. Y añade que hay que mirar siempre hacia adelante y no caer. Le he sonreído y he seguido mi camino cámara en ristre, como digo, para tomar las fotos que me permitan no olvidar, las imágenes que pueda llevarme a los ojos cuando los ojos de la mente se obnubilen. Lo nuevo y lo viejo, los que recuerdan el olvido y olvidan que ya no recuerdan.

Este próximo día 22 de marzo en el Círculo Riojano de Donostia mi amigo Juan Eloy ofrecerá una conferencia sobre Marcel Duchamp y el arte contemporáneo. De nuevo los conceptos de tradición y modernidad encima de la mesa, la definición de la vanguardia, la redefinición de lo ancestral. Es el arte lugar desde donde las diatribas entre pasado y presente se libran con especial crudeza pero también con singular riqueza. Escuchar a Juan Eloy puede ser una nueva oportunidad de entender los nuevos caminos de algunos creadores o incluso de comprender por qué no los entendemos. Al fin y al cabo envejecer con dignidad quizá tan sólo consista en no inquietarse por no comprenderlo todo.

Esta propia semana una amiga ha tenido a través de su hermana y junto a ella sentimientos de dolor e impotencia ante la pérdida de alguien que conocían bien y  que ha decidido a los 29 años  poner los medios para irse y se ha ido. Demasiado joven para morir, sí, hay una horquilla de edad en que siempre quien se va nos parece demasiado joven para morir y más aún si lo hace por propia voluntad. Lo que ha nacido hace poco tiempo y aún ha de desarrollarse y crecer como contrapunto a una decisión vital en torno a la muerte, una decisión mortal en torno a la vida; contraste y paradoja expresadas de la manera más cruda y, al mismo tiempo, más a respetar más allá de nuestra propia incomprensión.

Y esta misma semana en la Feria de Teatro de Donostia ponían en pie unas compañeras de profesión un espectáculo hermoso titulado “El amor después del amor”. La compañía se llama Ados y sobre las tablas un texto de Garbi Losada defendido deliciosamente por tres actrices y amigas: Dorleta Urretabizkaia, Ane Gabarain y Sara Cózar. Nos hablan del amor más allá de la norma y mucho más allá del olvido pues la protagonista pelea también con la enfermedad del borrado de la memoria. Amores que nacen y no mueren sino que, y como la energía, tan sólo se transforman. Lo nuevo y lo viejo, lo que no recuerdo si recuerdo.

En una ocasión probé el sabor del olvido. Un caprichoso virus de quirófano me privó durante unas 24 horas, las horas que ha estado el “City of Beirut” en el puerto de Pasaia, de la capacidad de llamar a unas llaves, a una revista e incluso a mis propios hijos por su nombre. No podía nombrar lo nuevo, mis hijos, y no podía citar lo viejo, los objetos de uso cotidiano. Y me tocó manejar durante unas horas de incertidumbre la duda en torno a la posibilidad de haber pasado de repente a un estado en donde vivir el ahora y nada más que el ahora podría ser una decisión del destino y no un voluntario ejercicio cotidiano aprendido y aprehendido en la última clase de meditación recibida. Felizmente no llegó la sangre al río ni llamé a la llave reloj durante demasiadas horas. Fueron las suficientes, eso sí, para que contemplando hoy la maniobra de salida del buque panameño me ronden todos estos aromas de experiencias vividas esta misma semana u otras compartidas durante años con compañeros vitales o de profesión. Haber transitado la fragilidad me permite mirar con ojos algo más maduros lo nuevo y lo viejo que me rodea, lo nuevo y lo viejo que soy.

 

© Iñaki Salvador

 

Canción del disco SEI de Mikel Laboa, una de las primeras que grabé con él y que toqué en muchos conciertos en directo a su lado. Reproduzco el texto en euskara y castellano.

GASTETAZUNA ETA ZAHARTASUNA (Otxalde / Herrikoia – Mikel Laboa)

Ene izpirituan bazen zenbait pertsu
oriaio den guzia etzerait hustu.
zertaz dutan solasa emazue kasu
esplikatuko baitut ahal bezain justu.

Zahar bezain prestu
odola zaut hoztu
bihotza ere laztu
gorputza beraztu
oraino gazte banintz banuke gostu!

Zahar gazte arteko hau da parabola:
zuzen esplikatzia hein bat gogor da
gaztea ez daiteke adin batez molda,
gorputza sendo eta azkar du odola;

Zaharra ez da hola;
iragan denbora
etortzen gogora,
eta ezin kontsola…
nekez bihurtzen baita zahar arbola!

Egunak badoazi egunen ondotik
ez dira elgar iduri joaiten hargatik:
atzo iguzkiaren distira zerutik,
egun hobela jalgi itsaso aldetik:
euria ondotik
hasi da gogotik
hedoien barnetik
hortakotz badakit
erituko naizela bustiz geroztik..

 

En mi espíritu había unos versos
De los que todavía conservo algo.
Poned atención a lo que voy a decir,
Pues yo soy tan anciano como bien dispuesto.
Voy a explicar lo mejor que puedo:
Se me ha enfriado la sangre,
Ablandado el cuerpo
Y endurecido el corazón.
Si todavía fuera joven
Conservaría la ilusión.

Se trata de una parábola de viejos y jóvenes,
Y es algo difícil explicarla bien;
El joven no puede controlarse a cierta edad,
Su cuerpo es fuerte y su sangre vigorosa.
El viejo no es así,
El tiempo pasado le viene a la memoria
Y no puede consolarse
Ya que trabajosamente se hace el árbol viejo.

Uno tras otro pasan los días
Pero no por ello transcurre todo igual;
Ayer el sol brillaba en el cielo,
Hoy vienen las nubes desde el mar…
Llueve copiosamente
Desde su interior,
Y sé que, después,
Enfermaré.

4 comentarios

  1. Graciela Vázquez

    A esto me refería, querido Iñaki, cuando te decía:»Tendrías que escribir». Es precioso! Abrazo grande!

  2. Lolita

    ¡Hay que reconocer que Damián llevaba razón!… Un beso.

  3. Lolita

    No recuerdo haberlo leído….. De verdad, me has emocionado… Estoy con Graciela, aunque un poco más imperativa: «Iñaki, tienes que escribir»… Un beso.

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