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PRENSA


Lo que se ha dicho de...

¡NASDROVIA CHEJOV!¡NASDROVIA CHEJOV! Lo constituyen cinco cuentos maravillosos. Están tan bien entrelazados entre sí, que la unión entre ellos es uno de los puntos fuertes de la obra.  Ingrediente estrella ha sido el hecho de haber elegido al propio Chejov, no desde sus obras de teatro más conocidas, como el "Tio Vania", o "la Gaviota", sino por esos cuentos cortos que tan magistralmente escribió. (...)

 

(...) Siempre es un placer ver a Isidoro Fernández y Jose Ramón Soroiz encarnar el espíritu de Chejov, y son antológicas las interpretaciones de algunos de los cuentos de por parte de Soroiz, como 2el del estornudo" o "el de la vieja". También es conocida la fortaleza de Teresa Calo, pero nos han dado una gran sorpresa los jóvenes actores que junto a ellos han florecido como Eriz Alberdi, Naiara Arnedo y Dorleta Urretabizkaia.  (...)

 Agus Perez
BERRIA 23-04-05

 (...) El trabajo que presenta Vaivén busca mostrar una función distendida, entretenida y eficaz... Todo ello lo consigue creando un armazón sencillo, bien engrasado, que consigue ofrecer una sensación de conjunto, donde las diferentes escenas van sucediéndose sin que asistamos a engarces forzados o a tiempos muertos, que suele ser el principal peligro en montajes de este estilo, cuando se trata de coser diferentes retales y que parezca fabricado expresamente para la ocasión. (...)

(...) Crea para ello la dirección de Bernués una inteligente introducción, tanto de la propia situación dramática como de los personajes, dejando bien colocado para la salida al primero de los cuentos. A partir de ahí este pegamento, en el que el propio Chéjov se convierte en protagonista, sigue funcionando y logra que el resto de la obra vaya fluyendo con naturalidad. La dramaturgia de Iglesias parece que algo debe de tener también en esta afortunada culpa.

Roberto Herrero

DIARIO VASO 23 DE ABRIL DE 2005

 (...) La obra de teatro y las virtudes de este gran autor ruso que yo que yo guardada en la memoria se unieron. Lejos de aquel "Tio Vania" me di cuenta que estaba ante un obra fresca, divertida y realizada con gran ingenio. Nasrovia Chejov! Mi viejo amigo! (...)

 

Diario Vasco 24 de abril de 2005

ARITZ GORROTXATEGI/

 Lo que se ha dicho de...

EDUARDO II.

Duelo del poder y el amor, o lo que es lo mismo, duelo entre el deber y la libertad, el eterno dilema. Es el eterno y clásico dilema al que están sometidos los dioses y los héroes, los reyes y los humanos, las glorias y los seres cotidianos. Hay que decidir entre ser libre, obrar en libertad, o cumplir con lo establecido, hacer lo que los demás esperan que uno haga, diga u omita. Es la gran duda que atenaza a la persona desde que tiene conciencia de existir, el deber o la libertad. En Eduardo II de Christopher Marlowe, el dilema alcanza hasta las últimas consecuencias. El duelo se inclina a favor del amor que hay que pagarlo con la vida, o con la muerte, que es la misma expresión y el punto culminante de la libertad, o de la perfección, según algunas teorías de la filosofía oriental. Estando el tema presente a lo largo de la Historia, el alcance de la decisión depende de la categoría de los personajes. Así, el drama puede significar una conmoción íntima, profunda y personal, o puede alcanzar dimensiones institucionales que implican una gran revolución. Marlowe, autor contemporáneo de Shakespeare, centró la historia del rey Enrique II en el siglo XIV. Es la Inglaterra convulsa por una organización medieval aún, al igual que en toda Europa; los nobles conservan el poder junto a la Iglesia; la monarquía todavía no se ha fortalecido en autoridad como lo hará a partir del siglo XVI; peleas internas por alcanzar un puesto de privilegio debilitan la convivencia política y social; el mismo rey está sometido a un constante acoso por parte de los más allegados para mantener la corona. En este contexto, surge todo un universo dominado por el odio, el rencor y la traición. Alianzas y conspiraciones, ambiciones y falsas acusaciones, burlas y crueldades, desprecios y humillaciones, pasiones e ideales, amor y libertad, todo un conjunto de valores y toda una gama de actitudes se dan cita en este fabuloso poema épico. Drama y tragedia Christopher Marlowe escribió un gran drama que termina en tragedia. En Eduardo II describe el drama personal que culmina en un previsto trágico desenlace. El autor se adentra en la intimidad del alma humana que desencadena la gran tormenta política y social; narra la epopeya de un amor inconveniente para el Rey o para la institución. Es inconveniente por diversos motivos, pero singularmente por ser un amor homosexual y por competir el amor del 'hijo de un carnicero' con el amor de la realeza. Etelvino Vázquez, director de la versión y del montaje, se ha apoyado en la estética clásica en el amplio sentido. Se remonta a la Grecia Antigua tanto en el tratamiento de los personajes como en el planteamiento espacial. Además de servirse de un corifeo establece el rango de los personajes y da un papel destacado al coro. En lo espacial consigue que la escena se convierta en el ara de una liturgia maravillosamente construida. Aparte de lo anterior, Etelvino Vázquez ha conseguido un espectáculo brillante en el significado y hermoso en lo formal, donde la palabra forma parte de una sinfonía y el movimiento se hace ballet. Y es que la palabra, el discurso se hace música magníficamente recitado por todos y cada uno de los actores y de la actriz. Los tonos, los timbres, las entonaciones de voz, los silencios conforman el canto de una gran partitura que complementa la música original de Iñaki Salvador. La percusión se hace latido y estruendo, intriga, protesta, paso de caballo y golpe de azadón. Finalmente, la melodía grabada obra como un bajo continuo que evoca las emociones del alma. Sin duda, se percibe una estupenda orquestación. Delicioso ballet El movimiento, los vuelos de los preciosos atuendos, las figuras conforman un delicioso ballet en el que no faltan las composiciones escultóricas afirmadas por una exquisita iluminación de Rafa Mojas. La coreografía de los actores dibuja todo un rito clásico arropado por una escenografía sencilla pero potente y sugerente. Palos, bastones, estacas, remos, mástiles de barcos y de banderas conforman una empalizada, un bosque, una verja, un cementerio, una prisión, un enorme salón de columnas. La sencilla y eficaz escenografía de Mario Pérez Tapanes evoca espacios significativos y certifica una estética formal. Por fin, la interpretación, aunque para un gran sector del público podría ser lo más importante; y no es que no lo sea, sino que la interpretación forma parte de ese bello montaje que hace clásica una obra de arte. Destacar a Kike Díaz de Rada en la interpretación del Rey Eduardo sería injusto porque todos y cada uno de los componentes del elenco se mostraron dramáticamente intensos, equilibrados, sensibles y precisos. Todos y cada uno de los actores se ajustaron a los respectivos personajes rayando en la perfección. El montaje de Eduardo II por la compañía Vaivén y Barranco Producciones posee todos los ingredientes del éxito no solo entre el gran público sino entre el amante del buen teatro.


Manuel Sesma S.

EL ADELANTADO DE SEGOVIA

- "... Hemos sido testigos de un espectáculo extraordinario, interpretado de manera excepcional por todos, entre los que estoy obligado a destacar a Kike Díaz de Rada, que encarnó a un Eduardo II enamorado, cruel, a veces inconsciente y pueril, despótico o, finalmente, atemorizado y patético. Y a una Reina Isabel, Ana Pimenta, que en su menudo cuerpo guarda todas las fuerzas y los registros que una reina despechada, traicionada, insultada y despreciada por su Rey tiene la obligación de expresar."

- "... Dirigidos por Etelvino Vázquez, los actores están perfectos en sus encarnaciones, con un tono verbal y físico alto, de ritmo trepidante, lleno de ocasiones para el lucimiento actoral, que todos supieron aprovechar haciendo las delicias de los espectadores."

- "... La memorable interpretación de Kike Díaz de Rada junto a Ana Pimenta, es uno de los gozosos premios de la espléndida obra sin florituras que el director plasma en una sobria y seria dirección con un montaje espectacular. El complemento es una gran interpretación del resto de los actores en donde destaca Carlos Pinedo."

- "... Esta historia ha emocionado en su lenguaje, en la riqueza de proposiciones, en la ejecución de sus magníficas actuaciones, en la intensidad y primor del dramatismo y fuerza de cada escena.