Mediterráneo: Serrat en la encrucijada

MEDITERRANEO LIBRO PORTADATraigo noticia de la edición de un nuevo libro. El escritor Luis García Gil ha publicado un trabajo en torno a la canción “Mediterráneo” de Joan Manuel Serrat.  Dice el texto promocional de esta nueva publicación: “Este libro reconstruye la gestación de “Mediterráneo”, de Serrat, uno de los grandes álbumes de la historia del pop español, aportando datos desconocidos y toda la información conocida alrededor de la composición y grabación. Incluye la opinión de un buen número de músicos y periodistas“. Pues bien, tengo el honor de ser uno de esos músicos a los que se les ha pedido colaboración a la hora de hablar y glosar tamaña composición y, de manera inevitable y lógicamente, a su celebrado autor. Gracias, Luis, por la preciosa oportunidad. 

Con autorización y el beneplácito de García Gil ofrezco aquí reproducido, al pie de estas líneas, lo que he aportado a ese a buen seguro precioso trabajo. El libro está a la venta de manera exclusiva en este enlace: Clic aquí para comprar el libro.

Mis sentimientos, reflexiones y jugueteos en torno a Mediterráneo

En el verano de 1971 yo tenía nueve años y Joan Manuel Serrat veintisiete. Ese agosto el 71, por tanto, nos llevábamos dieciocho años, lo que viene a ser una mayoría de edad. Por esas fechas, parece ser, él estaba empezando a componer las canciones de su cuarto álbum en castellano, el titulado Mediterráneo y yo, imagino, arrastraba como podía mis pantalones cortos por el pueblo en que nació mi padre, Araia, en Álava, lugar en que todos los veranos pasábamos un mes en familia. Ese disco de Serrat tuvo una repercusión inusitada en el panorama de la música nacional, y mis pantalones cortos corriendo por Araia la tuvieron, crucial, en mi vida personal.

Asocio la escucha de esa espectacular colección de canciones con mis estancias estivales en Araia, con los afectos que allí cultivé y con los paisajes físicos y humanos que tanto me aportaron. Fueron muchas las horas en que esa cinta de casete sonó en el aparato Philips e infinitas las veces en que al comenzar a sonar la cara “A” contenía un poco la respiración y aguzaba el oído: el disco se abría con Mediterráneo y esa afilada y misteriosa nota mi, muy aguda, acompañada en seguida de una percusión muy subdividida que no acertaba a adivinar si eran unas pequeñas maracas o el “charles” de una batería, suponían el hipnótico inicio de una nueva sesión de escucha, la enésima, de diez pequeñas e inmensas obras maestras.

El álbum Mediterráneo y la canción que le da nombre fueron parte de mi mayoría de edad personal y musical. La melodía, ritmo, acordes, arreglo y texto de la emblemática canción constituyeron para mí una clase magistral que se me ofrecía en pequeñas dosis: aquellas que configuraban cada una de las mil escuchas, y a través de las cuales iba comprendiendo, poco a poco, el sentido de cada elemento, el significado de cada palabra, la intención de cada frase, el cómo y el por qué de cada giro del bajo o cada quiebro de la batería.

He hecho de Mediterráneo parte irrenunciable de mi repertorio. Sí, de acuerdo, podría decirse que a quienes amamos el jazz, una pieza así, que evoca tanto el color rítmico del mítico Take five de Brubeck, nos fascina desde esa frescura y viveza rítmicas. No tengo la menor idea de si el 6/4 de Mediterráneo produce el mismo gozo que el 5/4 de Take five pero me he bañado muchas más veces a la orillas de aquel mar, el de Joan Manuel,  y cuando la toco resuena en mis dedos el poema; y cuando leo el poema las lágrimas son corcheas que se derraman desde el compás de mis ojos y me las seco con un papel pautado en el que nadie ha osado poner aún el calderón final. 

Cierto es que Serrat la estrenó cantándola con ímpetu juvenil y con el metrónomo marcando una velocidad unos “100 la blanca”, cuando ahora la pone en los escenarios desde la elegancia y la serenidad de unos 80 u 85 para ese mismo valor.  A la tonalidad ha sido fiel, eso sí, y el “la menor” sigue siendo adecuado cobijo y registro para las evoluciones de un Joan Manuel que -como buen anfitrión-, cuando alguien se le acerca a compartirla, no tiene problema en, por ejemplo, acercarla al “mi menor” en que aborda sus estrofas Ana Belén o al ajustado “do menor” que elige y prefiere Lolita para ese hermoso dúo en la Antología desordenada.

He gozado, gozo y quiero seguir gozando con Mediterráneo. Por tanto, y como en sonidos soy más ducho que en palabras, me animo a cometer la impostura de meterme en un jardín que me es ajeno. Dejo aquí la letra que he creado sobre la melodía de Mediterráneo como guiño al juego, vértigo, despertar y aprendizaje que me supuso conocerla en tierna edad. Me meto donde no me llaman, Joan Manuel, porque yo tampoco te llamé y mira la que liaste: no puedo ni quiero sacar de mi carpeta vital la partitura de Mediterráneo. La tocaré hasta que toque empujar al mar mi barca y aún más allá, estoy seguro.

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Recuerdo que  en mi niñez

lo escuchaba yo en Araia,

ese disco, -¡vaya caña!-

en casa de Salvador

se ponía con fervor,

y con volumen, con tralla;

en la comida, en la cena;

en la alegría y la pena.

 

Yo, que en la piel tengo el sabor

bien dulce del canto eterno,

de ese artista por los pueblos

cantando de norte a sur,

con más etapas que el Tour,

sea verano o invierno.

¡Qué alegría, qué hermosura!

Le admiramos con locura.

 

No sabe de versos cojos,

en sus letras no hay despojos

y musica con gran tino.

Desde su disco primero

mejoró como el buen vino

y a mí se me ve el plumero.

¡Qué le voy a hacer, si yo

flipo con Mediterráneo!

 

Es que tío, ¿de qué vas?,

¡las metáforas que empleas!:

“perfumadita de brea”

al hablar de esa mujer,

lo tuyo es ya de romper,

tanto arte que cabrea,

que enamora y que nos tiene

en tu calor aunque queme, ay…,

 

Si un día para mi mal

viene a buscarte la parca,

habrás dejado tal marca

en mi historia personal

que mira, y que ni tan mal

tocaré en mis teclas blancas

tu canción, como ya suelo;

me servirá de consuelo.

 

Qué difícil rima monte,

tan sólo encuentro bisonte,

necesito alguna pista.

Retorno ya a mi camino,

son las teclas mi destino

pues lo mío es ser pianista.

Gracias, Serrat, porque yo…

flipo con Mediterráneo,

disfruto Mediterráneo,

toco tu Mediterráneo.

 

© Iñaki Salvador

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Un comentario

  1. Nuria

    Muy buenas! me ha gustado el artículo, No soy de comentar jeje pero hoy si lo hago! Gracias por el blog

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