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Jazz y clásico

ALLEMANDE PARA BLOGExisten lugares comunes a la hora de referirse al hecho musical y casi todos podríamos estar de acuerdo en aquellos que se refieren a la no conveniencia de establecer fronteras insalvables entre los estilos musicales. Podemos todos abrazarnos a la máxima de que tan sólo hay música buena y música mala (siempre me inquietó semejante aseveración, ¿quién pone los límites?), y podemos, por tanto, afirmar que cualquier otro intento de delimitar y acotar zonas estilísticas es, además de corto de miras, trabajo fatuo e inútil.

Creo, sin embargo, que como intérprete de música uno sí se ve obligado a tomar una dirección en perjuicio de otras posibles. Estoy pensando, muy en concreto, en la música clásica (marco en el que muchos hemos sido formados musicalmente) y en la música de jazz (camino que algunos tomamos desde temprana edad). Y lo dice alguien que en estos momentos de su vida, por ejemplo, mantiene en la carretera un concierto que aúna en el mismo escenario la música de Bach y la música improvisada y el jazz (eso sí, en dúo con un especialista en clásico). Y alguien quien en su rutina diaria de estudio, aún habiéndome especializado en la música de jazz, tiene en su atril de manera cotidiana a Bach y a otros compositores de los cuales trabajé obras durante el tiempo de mis estudios clásicos. Y alguien, además de todo ello, que practica en ocasiones la improvisación en un sentido amplio, no circunscrita al sonido, impronta y técnicas y lenguaje de la raíz jazzística afro-americana.

Considero que salvo celebérrimas excepciones, intérpretes de talento inconmensurable, e incluso en esos casos, es muy difícil o casi imposible acceder a un nivel de especialización profesional en ambos campos. Puede uno, siendo especialista en A, coquetear con B, e incluso impregnar, en ocasiones, su propia música con aromas de los del “vecino”, pero considero que el común de los mortales, al menos en el mundo profesional y para poder acceder a cotas de cierta excelencia musical, ha de especializarse y poner su esfuerzo, investigación y constante trabajo en uno de los mundos.

Toco canciones con cantautores, danzas vascas con dantzaris, pop y rock con algunos amigos cuando se tercia, y en algún rato íntimo y meditativo hasta lo que en la FNAC etiquetan bajo el epígrafe de “world music”. Aspiro a tocar de todo y con todos, en una dieta variada y, por tanto, saludable. Pero hablo de lo que hablo, que distinta cosa es.

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Mediterráneo: Serrat en la encrucijada

MEDITERRANEO LIBRO PORTADATraigo noticia de la edición de un nuevo libro. El escritor Luis García Gil ha publicado un trabajo en torno a la canción “Mediterráneo” de Joan Manuel Serrat.  Dice el texto promocional de esta nueva publicación: “Este libro reconstruye la gestación de “Mediterráneo”, de Serrat, uno de los grandes álbumes de la historia del pop español, aportando datos desconocidos y toda la información conocida alrededor de la composición y grabación. Incluye la opinión de un buen número de músicos y periodistas“. Pues bien, tengo el honor de ser uno de esos músicos a los que se les ha pedido colaboración a la hora de hablar y glosar tamaña composición y, de manera inevitable y lógicamente, a su celebrado autor. Gracias, Luis, por la preciosa oportunidad. 

Con autorización y el beneplácito de García Gil ofrezco aquí reproducido, al pie de estas líneas, lo que he aportado a ese a buen seguro precioso trabajo. El libro está a la venta de manera exclusiva en este enlace: Clic aquí para comprar el libro.

Mis sentimientos, reflexiones y jugueteos en torno a Mediterráneo

En el verano de 1971 yo tenía nueve años y Joan Manuel Serrat veintisiete. Ese agosto el 71, por tanto, nos llevábamos dieciocho años, lo que viene a ser una mayoría de edad. Por esas fechas, parece ser, él estaba empezando a componer las canciones de su cuarto álbum en castellano, el titulado Mediterráneo y yo, imagino, arrastraba como podía mis pantalones cortos por el pueblo en que nació mi padre, Araia, en Álava, lugar en que todos los veranos pasábamos un mes en familia. Ese disco de Serrat tuvo una repercusión inusitada en el panorama de la música nacional, y mis pantalones cortos corriendo por Araia la tuvieron, crucial, en mi vida personal.

Asocio la escucha de esa espectacular colección de canciones con mis estancias estivales en Araia, con los afectos que allí cultivé y con los paisajes físicos y humanos que tanto me aportaron. Fueron muchas las horas en que esa cinta de casete sonó en el aparato Philips e infinitas las veces en que al comenzar a sonar la cara “A” contenía un poco la respiración y aguzaba el oído: el disco se abría con Mediterráneo y esa afilada y misteriosa nota mi, muy aguda, acompañada en seguida de una percusión muy subdividida que no acertaba a adivinar si eran unas pequeñas maracas o el “charles” de una batería, suponían el hipnótico inicio de una nueva sesión de escucha, la enésima, de diez pequeñas e inmensas obras maestras.

El álbum Mediterráneo y la canción que le da nombre fueron parte de mi mayoría de edad personal y musical. La melodía, ritmo, acordes, arreglo y texto de la emblemática canción constituyeron para mí una clase magistral que se me ofrecía en pequeñas dosis: aquellas que configuraban cada una de las mil escuchas, y a través de las cuales iba comprendiendo, poco a poco, el sentido de cada elemento, el significado de cada palabra, la intención de cada frase, el cómo y el por qué de cada giro del bajo o cada quiebro de la batería.

He hecho de Mediterráneo parte irrenunciable de mi repertorio. Sí, de acuerdo, podría decirse que a quienes amamos el jazz, una pieza así, que evoca tanto el color rítmico del mítico Take five de Brubeck, nos fascina desde esa frescura y viveza rítmicas. No tengo la menor idea de si el 6/4 de Mediterráneo produce el mismo gozo que el 5/4 de Take five pero me he bañado muchas más veces a la orillas de aquel mar, el de Joan Manuel,  y cuando la toco resuena en mis dedos el poema; y cuando leo el poema las lágrimas son corcheas que se derraman desde el compás de mis ojos y me las seco con un papel pautado en el que nadie ha osado poner aún el calderón final. 

Cierto es que Serrat la estrenó cantándola con ímpetu juvenil y con el metrónomo marcando una velocidad unos “100 la blanca”, cuando ahora la pone en los escenarios desde la elegancia y la serenidad de unos 80 u 85 para ese mismo valor.  A la tonalidad ha sido fiel, eso sí, y el “la menor” sigue siendo adecuado cobijo y registro para las evoluciones de un Joan Manuel que -como buen anfitrión-, cuando alguien se le acerca a compartirla, no tiene problema en, por ejemplo, acercarla al “mi menor” en que aborda sus estrofas Ana Belén o al ajustado “do menor” que elige y prefiere Lolita para ese hermoso dúo en la Antología desordenada.

He gozado, gozo y quiero seguir gozando con Mediterráneo. Por tanto, y como en sonidos soy más ducho que en palabras, me animo a cometer la impostura de meterme en un jardín que me es ajeno. Dejo aquí la letra que he creado sobre la melodía de Mediterráneo como guiño al juego, vértigo, despertar y aprendizaje que me supuso conocerla en tierna edad. Me meto donde no me llaman, Joan Manuel, porque yo tampoco te llamé y mira la que liaste: no puedo ni quiero sacar de mi carpeta vital la partitura de Mediterráneo. La tocaré hasta que toque empujar al mar mi barca y aún más allá, estoy seguro.

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Recuerdo que  en mi niñez

lo escuchaba yo en Araia,

ese disco, -¡vaya caña!-

en casa de Salvador

se ponía con fervor,

y con volumen, con tralla;

en la comida, en la cena;

en la alegría y la pena.

 

Yo, que en la piel tengo el sabor

bien dulce del canto eterno,

de ese artista por los pueblos

cantando de norte a sur,

con más etapas que el Tour,

sea verano o invierno.

¡Qué alegría, qué hermosura!

Le admiramos con locura.

 

No sabe de versos cojos,

en sus letras no hay despojos

y musica con gran tino.

Desde su disco primero

mejoró como el buen vino

y a mí se me ve el plumero.

¡Qué le voy a hacer, si yo

flipo con Mediterráneo!

 

Es que tío, ¿de qué vas?,

¡las metáforas que empleas!:

“perfumadita de brea”

al hablar de esa mujer,

lo tuyo es ya de romper,

tanto arte que cabrea,

que enamora y que nos tiene

en tu calor aunque queme, ay…,

 

Si un día para mi mal

viene a buscarte la parca,

habrás dejado tal marca

en mi historia personal

que mira, y que ni tan mal

tocaré en mis teclas blancas

tu canción, como ya suelo;

me servirá de consuelo.

 

Qué difícil rima monte,

tan sólo encuentro bisonte,

necesito alguna pista.

Retorno ya a mi camino,

son las teclas mi destino

pues lo mío es ser pianista.

Gracias, Serrat, porque yo…

flipo con Mediterráneo,

disfruto Mediterráneo,

toco tu Mediterráneo.

 

© Iñaki Salvador

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Sucedido positivo del día (y epílogo): 21 octubre 2015 – 0.- Con cero y sincero.

PRIMER SUCEDIDOComencé con el compromiso conmigo mismo hace un año hoy, fue un 21 de octubre. Junto a estas líneas la reproducción de lo escrito y publicado aquel día. He aquí, lo estás leyendo, el sucedido número 366 y el que supone el primer y último cumpleaños de esta sencilla historia. Habéis sido 41 personas los suscriptores, aquellos que habéis decidido recibir un correo electrónico cada día justo en el instante en que yo daba a la tecla “enter” lanzando mi pequeña historia, reflexión, alegría, ventura o desventura. Y me consta que otros tantos, unas 50 personas más, visitabais también cada día el sucedido diario.

Hace diez días comencé una cuenta atrás bastante explícita aunque no explicitada. Titulé el sucedido “¿Mujer diez?”,  y desde él me comprometí conmigo mismo a ir iniciando el descenso numérico intentando vincular la cifra correspondiente a lo narrado cada día (“Cuando un nueve es un fracaso”, “El chino que hoy estaba de ocho”, “Latigazo en siete”, etcétera…).

Ha sido, sin más, un juego de despedida como un juego, en realidad, ha sido escribir los otros 356. Ha sido un ejercicio, un reto, una excusa para mirar distinto y más atento lo que me rodea, una oportunidad de expresar, el regalo de compartir en ocasiones respuestas, acotaciones y comentarios de muchos colores de quienes los habéis leído. Ha sido mover el alma y hurgar con el dedo en zonas que me provocaban en ocasiones cosquilla y risa y, en otras,  escozor y punzada (qué duros los días en que hube de omitir el calificativo de “positivo” en el encabezamiento). Ha sido, en todo caso, un ejercicio de expansión y libertad, la libertad que ejercí al comenzarlos y la que ejerzo hoy al despedirme del compromiso diario.

El blog sigue abierto, faltaría más, vivito y coleando, seguiré escribiendo, quiero seguir haciéndolo y lo haré. Renuncio, eso sí, al compromiso de que la cita sea diaria y al título que los sustentaba y encabezaba; a partir de ahora quizá aborde un día un sucedido positivo, qué duda cabe, pero tendré y me tomaré la libertad de abordar y abarcar más temas, géneros, formatos y modos de expresar. Llevo un montón de mediocres dentro a los que debo cuidar y dar salida: tengo cierto alma de periodista, cierta vocación de poeta, algún impulso de contacuentos o escritor de relatos cortos, veleidades de fotógrafo de situaciones evocadoras u objetos sugerentes, alguna traza de opinador político y social, ciertas hechuras de apasionado del enseñar… Todos ellos estarán de ahora en adelante en el blog haciéndolo suyo, turnándose de la manera más civilizada posible, ofreciendo un cajón de sastre, un baúl de los recuerdos y una merienda de blancos, negros y grises.

Gracias, de corazón, a los que habéis estado ahí y a los que decidáis seguir estando. Tan solo recordar y recordarme una cosa. No escribí ni escribiré para que se celebren mis textos (pobre de mí, plumilla aficionado aunque apasionado) sino para celebrar, con vosotros, el regalo de la vida concretada en el prodigio de la comunicación. Las cuestas arriba y las cuestas abajo se recorren mejor cuando no sólo “ves un punto” sino que compartes “puntos de vista”. Dicho de otra manera: no niego que me guste que me hayáis leído o me leáis, lo que no he necesitado y espero no necesitar nunca es que os guste cómo lo he hecho o que hayáis estado de acuerdo con mis sentires y pareceres.

Aprovecho para comentar que desde hoy leeré yo mismo mis propios sucedidos en su orden correspondiente y cada día el de la fecha exacta, hace un año, en que se publicaron. Será un aprendizaje percibir como en muchas ocasiones ni me gusta como lo hice ni comparto a día de hoy ciertos sentires y pareceres que tuve y expresé en el pasado. Es un segundo reto, la mirada sobre uno mismo y el disfrute de la diferencia y la diversidad de la cantidad de “uno mismos” que tiene uno mismo.

Este sucedido se encabeza, a causa de la citada cuenta atrás, con cero pero, os puedo asegurar, es, desde lo hondo y con enorme sonrisa, absolutamente sincero. Nos seguimos viendo, leyendo, hablando y respirando. Hasta pronto, quizá mañana mismo, no lo sé, o quizá dentro de tres días, o siete. El corazón sigue latiendo aunque me vaya a permitir disfrutar de una elegida arritmia. Sinceramente mío,  Iñaki.

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Sucedido positivo del día: 20 octubre 2015 – 1.- Un extraño uno, un uno extra, el de un año

UNOEl número uno puede expresar lo máximo y lo mínimo. Es como si lo único, lo unívoco, diera seguridad y fuese símbolo de logro o plenitud: -“yo soy mujer de un solo hombre“-, acaba de decir en la radio una oyente anónima  en uno de esos programas nocturnos en que uno cuenta su vida al locutor y confesor de turno. Asimismo lo conseguido una sola vez puede funcionar como consuelo o limosna. Los que aman las patrias, por ejemplo, desean ver la suya mantenida, defendida o creada (dependiendo de si ya la tienen reconocida o si la anhelan en un nuevo orden mundial o mapa local) como una, unida e indivisible. Y los que se consideran privados de casi todo, por poner un caso, solicitan una sola y solitaria demostración o concesión de modesta fortuna: “dame una peseta“, rogaba un mítico personaje de las calles de mi ciudad, y el propio Bécquer se arrancaba con pasión con el uno como impulso y motor de su inspirado verso: 

Por una mirada, un mundo,
por una sonrisa, un cielo,
por un beso… ¡yo no sé
qué te diera por un beso!

Si has repetido algo 365 veces parece como si tuvieras algo que celebrar, tienes un año cumplido de algo, respecto a algo, en el ejercicio, disfrute o sufrimiento de algo (aunque realmente celebremos las anualidades el día 366 respecto a cuando algo comenzó). Anda uno dando vueltas al uno, una vez más. Si las cuentas no me fallan este es el sucedido número 365 y no es uno más pero sí es uno menos. Eso sí, hoy se ha hecho tarde, es más de la una y no son horas de ponerse a celebrar. Tengo una cosa que comentar que quizá sorprenda, alegre, apene o deje indiferente a más de uno, pero lo publicaré mañana, tampoco es para tanto, es esperar un día. Ya sabéis, uno que es así… 

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Sucedido positivo del día: 19 octubre 2015 – 2.- Para morirse (dos veces, eso sí)

PINOCCIOYa me sucedió a mitad de agosto. Leí en una red social que había fallecido un cantautor español al que había perdido la pista pero que fue alguien importante y referencial en los años 70. Recordé que me lo habían presentado en una ocasión, y recordé qué amigo común lo hizo. Así que envié un mensaje a este amigo dándole el pésame y recordándole ciertos detalles de aquel grato encuentro a tres bandas. Nada más enviarle mis palabras tuve un presentimiento: pude corroborarlo de inmediato. Este hombre no acababa de fallecer,  una sencilla búsqueda en internet me informó de que ese deceso había sucedido hacía ya unos nueve años. Mensaje inmediato a mi amigo pidiéndole disculpas por el patinazo (gran persona, y comprensiva, así que por suerte no le dio la menor importancia y, además, lo comprendió).

Esta mañana varias personas en esa misma red social se hacían eco del fallecimiento de un importante miembro de una famosa familia de payasos españoles. Me ha dado mucha pena ya que esos payasos fueron los de mi infancia. Y de nuevo la extraña sensación de “déjà vu”.  De nuevo la pertinente consulta y de nuevo la confirmación de la falsedad de la noticia, por ya sucedida. Este buen hombre nos dejó hace unos tres años.

Hay que tomárselo con cierto humor. Hasta ahora pensábamos que sólo podíamos “volver a nacer” tras superar algún episodio que puso nuestra vida en riesgo; ahora las redes sociales ponen a nuestro alcance volver a morir, morir un par de veces, por si alguien no se había enterado. Ah, y a los tiempos que vivimos les siguen llamando la “era de la información”. Para quedarse muerto. Parece menterio. Uy, perdón, parece mentira. 

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Sucedido positivo del día: 18 octubre 2015 – 3.- Viviendo tres días en un teatro

TRES EN UNOCuriosa circunstancia la de esta semana que empieza mañana: tres conciertos, tres, en el mismo teatro, y con proyectos diferentes. El martes, proyecto Khami, liderado por el baterista Carlos Sagi, presentamos disco. El miércoles como invitado de la cantante y amiga María Berasarte, presenta su disco “Súbita” y me convida a salir a compartir tres o cuatro canciones de su concierto. Y el viernes como uno de los amigos del grupo vasco de danza  Kukai, se baila sobre la tarima y formo parte del grupo de compañeros que pondremos la música en directo.

Todo ello ocurrirá en el teatro Victoria Eugenia de Donostia. Hoy toca repasar los tres repertorios y disfrutar de la mezcla de colores, sabores y texturas.  Uno tira tanto de sus propios carros que es una alegría, además, que se acuerden de ti para invitarte a subir y viajar en los que ellos han creado y lanzado al camino. Carlos Sagi, María Berasarte y Jon Maya, tres impulsores, gente que arriesga y gana por el mero hecho de arriesgar. Tres sucedidos positivos en uno, ¿quién da más?

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Sucedido positivo del día: 17 octubre 2015 – 4.- Reflexiones de tres al cuarto

CUATROEramos cuatro y un tambor” o “estábamos cuatro gatos”. Las expresiones o dichos en que se emplea el número cuatro producen más pena que gloria. Cuando pretendes expresar que nada ha cambiado, y no en sentido positivo, puedes decir aquello de “tres cuartos de lo mismo”. A los que llevan gafas se les llama “cuatro ojos” para humillarles y cuando te castigan te mandan a tu cuarto. Al ladrón de animales se le llama cuatrero y cuando explicas que terminaste una caminata justito de fuerzas dices aquello de “llegué a cuatro patas”. Cuando una piel o tejido empiezan a estropearse decimos que se cuartea y cuando alguien carece de posibles lo expresamos diciendo que está “a la cuarta pregunta”. Uno de los programas más denostados en la televisión española actual es “cuarto milenio” y cuando alguien se viene arriba en cualquier taberna escuchas proferir lo de “a ver si te meto cuatro hostias”. Si estás doblado por el lumbago dirás que estás hecho un cuatro y si llueve de manera leve y sosa dirás que tan sólo han caído cuatro gotas. Cuando dudas en torno a lo atractivo de lo que vas a proponer temes que les vaya a interesar sólo a cuatro. Y cuando escuchas las canciones en los “40 principales” (y dale con el cuatro) lo más normal es que digas que son muy básicas porque todas están hechas con cuatro acordes. Cuando hay corrupción tenemos muy claro que el corrupto se lo monta para beneficiarse él y sus cuatro amiguetes, y cuando un razonamiento es sencillo rayando en lo simplón argüimos aquello de que, oye, chico, es que “no hay más, dos y dos son cuatro”. Hasta el encantador instrumento musical llamado cuatro (excúsenme los folcloristas) podría parecer una guitarra venida a menos o encogida en un mal lavado. Y podría seguir y seguir con la tontería, así, hasta las cuatro de la mañana, pero no es necesario, voy a ir terminando. Eso sí, cuando se culmina, cierra y concluye algo podría decirse que son los cuartos de final, ¿verdad? Vale, sí, calma, la pastillita. Ya pasa.

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Sucedido positivo del día: 16 octubre 2015 – 5.- El semáforo de cinco colores

IMG-20151016-WA0023Yo no sé si porque se parecían a los míticos aros pero lo cierto es que pasaban de ella olímpicamente. Estaba esta mañana en un semáforo en el centro de la ciudad. Regalaba una imagen fresca, tierna, divertida, sorprendía y te sacaba de la rutina. En un cruce aprovechaba la luz roja que convertía al instante a los automovilistas en su efímero público. Tan sólo un minuto y medio de actuación para intentar seducirles y que se animasen a pagar la entrada de un espectáculo que, en realidad, les había entrado a ellos en su vida y ese era el encanto. Ejecutaba una pequeña y delicada fantasía: los aros de colores giraban y parecían flotar en el aire. Su cara expresiva, su cuerpo flexible y juguetón. Y al ponerse el semáforo en verde su voz al viento, “¿tienen algo para esta payasa?“. Pocos se animaban a celebrar el hecho de que pocas veces en la vida habrán pasado por el aro de manera tan lúdica y placentera. 

He observado la escena un tiempo pues desde el ángulo de visión de mi trayectoria ya hacía un rato que le tenía a tiro. Y, en fin, al llegar a su altura no he podido por menos que frenar la bicicleta y pedirle un favor. Me ha respondido que sí sin dudarlo y sin dejar de sonreír. Hemos charlado, hemos compartido algunas informaciones y me ha pedido algún consejo (he recomendado a otras personas hoteles y restaurantes, pero jamás me había visto como hoy, recomendando semáforos, intentado que fuesen de más larga duración, menos peligrosos para su integridad y, en definitiva, escenario más grato y productivo para su actuación). Y me ha regalado lo que le he pedido.

La cosa no ha podido ser instantánea aunque así se llame a las fotografías. El asunto tenía su cosa y hemos tardado unas horas en resolverla, cargada ella de generosa buena voluntad y cruzando “whatsApps” de coordinación de la maniobra (sí, me ha ofrecido su número de teléfono, aún queda gente que confía en la gente, aunque sea alguien que le acaba de abordar, como yo hoy, en plena calle).

Aquí están, son estas tres fotos. Así de sencillo. Esta mañana ella hacía sus evoluciones con sólo cuatro aros y a mi me apetecía fotografiarle con cinco, manías mías, no me pregunten por qué. Estas son las imágenes que me ha enviado horas después, hace un momento. Se hace llamar Groc y debiera conseguir que aún con el semáforo en verde el tráfico se parase. Pero el mundo está como está. Suerte que titiriteros como Groc siguen trabajando para arreglarlo. 

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Sucedido positivo del día: 15 octubre 2015 – 6.- ¿Y la familia? Bien, gracias, al 6,6

Metro Banco de España. MadridDía intenso, de aquí para allá. Sin tiempo, por tanto y por ejemplo, de echar un ojo a la prensa escrita. Lo hago ahora y veo que el Banco de España publica una información que reza así:  “La riqueza financiera de las familias crece un 6,6% en el primer semestre. La diferencia entre los ahorros y las deudas de las familias alcanzó en el primer semestre del año los 1,259 billones de euros, un 6,6% más que en el mismo periodo de 2014.  Los activos financieros de los hogares españoles -dinero en efectivo, acciones, depósitos y valores en renta- se elevaron al concluir junio a 2,063 billones de euros, en tanto que sus pasivos o deudas alcanzaron 803.676 millones de euros, un descenso del 3,3 % respecto al mismo periodo de 2014.“.

A continuación añaden un montón da valoraciones y comparaciones para cuyo análisis y comprensión haría falta tener un master o al menos estudios de economista al nivel de un tertuliano de televisión o dos. Si miras las cifras así un poco por encima, con tan sólo el bachiller aprobado, te da la sensación de estar leyendo que los españoles tienen muchísimo más dinero del que deben. Si te pones a reflexionar no más de 10 segundos sobre ello puedes llegar a concluir que el español medio es lerdo ya que podría pagar mañana por la mañana mismo de una vez toda la hipoteca de su casa y quedarse más ancho que largo. 

Y te ríes por no llorar (o salir a la calle a liarla). Y tienes la sensación de que nos toman el pelo por encima de nuestras posibilidades. Calma, Iñaki, calma, que te pierdes. Que estos son sucedidos positivos. Hala, la pastillita y a dormir. 

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Sucedido positivo del día: 14 octubre 2015 – 7.- Latigazo en siete

ELLISConté anteayer alguna reflexión en torno a la película “Whiplash” y hoy me han escrito en privado preguntando algunos aspectos en torno a la banda sonora. El que sé y puedo despejar (y no sin cierta ayuda documentándome por ahí) es que la composición musical que da nombre a la película es un tema original del saxofonista americano Hank Levy y que se popularizó en una grabación referencial en formato de Big Band de la mano y bajo el liderazgo del trompetista Don Ellis en el año 1973. Como curiosidad, comentar algo quizá desconocido u olvidado por el gran público: Ellis fue el compositor de la banda sonora de la mítica película “The french connection”.

Dice una popular enciclopedia en torno a Don Ellis y sus trabajos en los años 70: “En esta época, Ellis comienza a trabajar con compases poco usuales, extraídos de la música folclórica y de desarrollos matemáticos de los tempos tradicionales, llegando en este terreno mucho más lejos de lo que había llegado cualquier músico anterior, tocando en metros como 19/8 (interpretado en divisiones de 3-3-2-2-2-1-2-2-2) y otros aún más largos (hasta 85). Algunos de sus ritmos se plantean como ecuaciones matemáticas, como un blues en ritmo de 11/4, ejecutado como 32/3/4 y, ello, con verdadero swing. Ellis movía a su big band por este tipo de compases, de forma fácil y ligera”.

Y sí, “Whiplash” es una composición que luce en compás irregular (o de “amalgama”, tal y como nos enseñaron en mi infancia al estudiar solfeo): es un 7/4, compás que causa furor, de nuevo y de manera especial, de un tiempo a esta parte en ambientes jazzísticos. Contestado y comentado queda.

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