CRITICAS
CRÍTICA EDUARDO II Pasiones y venganzas
JOAQUÍN FUERTES/
A los 29 años moría Marlowe, creador del drama histórico, y seguramente la fuente nutricia de Shakespeare y algún otro contemporáneo. Pero a esa edad en que le llegó una muerte oscura, ocasionada tal vez por alguno de los muchos enemigos que tenía, Marlowe ya había escrito un montón de obras en verso y en prosa, sostenido tres duelos a espada y sumados otros cuantos lances. Desgraciadamente se conserva una parte mínima de lo que escribió, porque, sin que sirva de consuelo, los ingleses maltrataron a sus genios con la misma saña con que lo hicieron los españoles, aunque los de aquí no se atrevieron a dejar testimonio de los reyes y nobles que ensangrentaron las tierras por sus trifulcas miserables.Defendiendo la libertad en el amor de Eduardo II, rey de Inglaterra y padre del cretino que inició la guerra de los Cien Años, Marlowe cuenta la vida y la muerte de aquel rey enamorado de un joven, contra quien se conjura su propia esposa y su propio hijo, para destronarlo y, al fin, darle muerte. Como cualquier conjura de necios, se antepone el valor de la tradición y la moral al uso, a cualquier rasgo de libertad. La enseñanza tremenda de este drama, es que esta intolerancia sigue viva; no se ha extinguido desde el siglo XIII en que vivió Eduardo II, ni desde cuando Marlowe escribió el drama. No habrá libertad hasta que se acepte la plena libertad de amar. Hasta entonces, pobre Eduardo, pobre mundo, pobre amor.Un decorado que es cárcel, lanzas, puente levadizo, celosías para el amor, rejas para el tormento. Una estructura de parquedad y talento para edificar la historia con la cadencia, el ritmo justo y unas voces sin malear, de actores grandes, capitaneados por los soberbios Díaz de Rada y Ana Pimenta. Unas luces en su sitio, y una música envolvente para acompañar las voces limpias, para los oídos y el corazón. Todo ello manejado por alguien que ama el teatro hasta el paroxismo, y que en cada montaje es capaz de crear y sorprender. Etelvino Vázquez es en sí mismo puro teatro, y puro arte.Afortunadamente, su valía comienza a tener difusión, aunque no la que se merece
Se ha dicho:
"... Hemos sido testigos de un espectáculo extraordinario, interpretado de manera excepcional por todos, entre los que estoy obligado a destacar a Kike Díaz de Rada, que encarnó a un Eduardo II enamorado, cruel, a veces inconsciente y pueril, despótico o, finalmente, atemorizado y patético. Y a una Reina Isabel, Ana Pimenta, que en su menudo cuerpo guarda todas las fuerzas y los registros que una reina despechada, traicionada, insultada y despreciada por su Rey tiene la obligación de expresar."
"... Dirigidos por Etelvino Vázquez, los actores están perfectos en sus encarnaciones, con un tono verbal y físico alto, de ritmo trepidante, lleno de ocasiones para el lucimiento actoral, que todos supieron aprovechar haciendo las delicias de los espectadores."
"... La memorable interpretación de Kike Díaz de Rada junto a Ana Pimenta, es uno de los gozosos premios de la espléndida obra sin florituras que el director plasma en una sobria y seria dirección con un montaje espectacular. El complemento es una gran interpretación del resto de los actores en donde destaca Carlos Pinedo."
"... Esta historia ha emocionado en su lenguaje, en la riqueza de proposiciones, en la ejecución de sus magníficas actuaciones, en la intensidad y primor del dramatismo y fuerza de cada escena.