En un parque de una ciudad han dedicado una estatua al recuerdo de Gloria Fuertes. Los paseantes, en su mayoría, no saben que la estatua está viva, que es la propia Gloria, y que lo pasa en grande jugando o escribiendo poemas junto a otros amigos del parque –la papelera, el árbol, el banco…–. Es normal que suceda así, porque cualquiera no tiene capacidad para darse cuenta de ello. El protagonista de nuestro cuento, Píter, sí. Para algunos, para Bobi por ejemplo, como Píter no es normal (Sufre Síndrome de Dwon), vale menos que una persona homologada. Tendremos oportunidad de ver en esta representación que, en cuestión de camaradería y honestidad, vale más que muchas personas normales. Sin embargo Patricia, porque su sinceridad y buen corazón le abren bien los ojos, podrá darse cuenta desde el comienzo que aquello que Gloria escribió en un poema constituye una verdad incontestable: “La normalidad es una locura controlada”.
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